lunes, noviembre 14, 2005

 

La desvalorización de los títulos profesionales

Creo que estamos todos de acuerdo en que el sistema de educación superior, hasta la fecha, muestra enormes debilidades en la correlación lógica de sus mallas curriculares, versus las exigencias y desafíos del mercado laboral.

No es desconocido, que con la irrupción de cientos de carreras denominadas de “tiza y pizarrón”, las universidades, públicas y privadas, lanzan al mercado, año a año, a miles de profesionales que en teoría pueden ser muy capaces, pero en competencias prácticas…

Sin embargo, cualquiera de estas imperfecciones no es comparable con la tremenda amenaza que, a mi juicio, se acerca inevitable e impostergablemente con la futura reforma a los programas de este segmento de la educación.

Con el objetivo de establecer mejoras efectivas, y atendiendo a la enorme cantidad de quejas sobre lo extenso de la duración de las carreras, en Chile se está pensando en planificar un cambio drástico en la estructura educacional. De un modelo obsoleto de cinco años promedio de duración, pasaríamos a una nueva estructura, donde el estudio de una carrera tradicional sólo requeriría de aproximadamente tres años, acortando, ciertamente, un sinnúmero de cátedras que sólo aportaban a extender los tiempos de titulación.

En el futuro, no sólo se limitarán los tiempos por medio de la condensación de los programas curriculares, sino también los alumnos podrán optar a mayores grados académicos como magíster y doctorados, en el mismo tiempo que antes ocupaban en cursar solamente su pregrado. En otras palabras, en siete años -promedio que un alumno en la actualidad demora en terminar su carrera incluida su práctica profesional y tesis-, los alumnos podrán cursar su pregrado (3 años), una maestría (2 años) e, incluso, un doctorado (2 años).

En teoría, la reforma suena bastante bien, ya que la constante capacitación y especialización de los conocimientos se posiciona, día a día, como el principal eje y motor en la movilidad social. Pero mi temor se enfoca en que este nuevo modelo educacional sólo sirva para reemplazar al antiguo, perdiendo la calidad académica y atractivo de algunos programas de postgrado. Entonces el mercado, a la hora de seleccionar a los nuevos postulantes para su oferta de empleos, podría discriminar como barrera de entrada, exclusivamente, a los profesionales que ostenten un grado de Doctor en la disciplina requerida, descartando al resto que, por distintos motivos, sólo pudo acceder a grados inferiores.

En este contexto, la oferta laboral, estará obligando a sus postulantes a continuar con el mismo tiempo de duración del modelo anterior, con lo que la aplicación de esta nueva metodología será de forma y no de fondo. Entonces, el grado académico, como lo conocemos hoy, perderá su atractivo y valor.

Lo peor, es que una vez perdido el valor intrínseco de los títulos profesionales y sus respectivos grados académicos, las empresas y organizaciones implementarán metodologías de selección de personal mucho más perversas de las que se utilizan hoy en día, toda vez que, perdido el parámetro de comparación, la selección estará sustentada en la preferencia de algunas universidades por sobre otras, y la competencia entre universidades públicas y privadas será mas injusta que en la actualidad.
En resumen, mi pronóstico es que en un futuro cercano todo profesional deberá cursar, casi como una obligación, a lo menos tres grados académicos para ser aceptado en el mercado. Perdiendo el título profesional obtenido en Chile todo valor. Por el contrario, la tendencia estará enfocada a privilegiar los estudios en el extranjero, haciendo mucho más segmentado, exclusivo y condicionado a aspectos económicos los estudios, y por ende, el acceso al campo laboral.

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