jueves, noviembre 10, 2005

 

TLC: terapia, locura y comercio.

¡Hasta que salió!

Es tiempo de fiesta y celebración, los tan ansiados Tratados de Libre Comercio (TLC) llegaron por fin. Y junto con ellos, la enorme campaña mediática desde distintos sectores económicos, políticos y sociales, que nos saturan sobre las innumerables ventajas que nos otorgan dichos tratados no sólo como país, sino también a nivel regional y personal. Pero...

Más que sólo la promesa de un futuro esplendor y el tan ansiado “AUGE” (el económico), los TLC se han transformado en motivo de desequilibrio, anormalidad, psicosis y locura por parte de un país, que sólo desea ser parte activa de múltiples intercambios de productos y servicios desde y hacia los enormes bloques económicos. La oferta es tentadora, ya que podríamos pasar de ser un país subdesarrollado, o mejor dicho, en vías de desarrollo, a lo mismo pero... con arancel diferenciado!.

Es cierto que los tratados de libre comercio son una gran oportunidad, ¿pero te has preguntado para quién?

El estado de desequilibrio radica en que estamos conscientes (o a lo menos creemos estarlo) que la firma de estos acuerdos económicos repercutirá en nuestras vidas de manera positiva. Lo negativo es que no sabemos de qué manera será, y lo peor, que no tenemos idea de qué requerimos o qué debemos hacer como personas, organizaciones, regiones o país para poder alcanzarlo y aprovecharlo en plenitud.

Ante tamaña tormenta de información y buenos augurios, nuestro juicio de realidad se perdió hace algún tiempo. Creemos que sólo basta con existir y prepararnos para recibir todo lo que nos depara esta fabulosa oportunidad. ¿Qué tenemos que hacer para ello? No importa, los tratados son tan perfectos que sólo basta sentarnos y disfrutar.

Chile desde tiempos inmemoriales se ha caracterizado y distinguido por sus recursos naturales y prestación de servicios. Vendemos lo que tenemos y lo que podemos a bajo costo y de forma natural y lo compramos de vuelta ya manufacturado y a diez veces su valor. En este contexto, el nuevo desafío está en agudizar las ventajas competitivas y comparativas con el fin de crear valor a nuestras compañías y así poder diferenciarnos. La oportunidad que se nos brinda es la inversión en investigación y desarrollo.

Sin embargo, y aunque Darwin murió hace algún tiempo ya, su legado se hace patente y aquella ley en que el pez más grande se comía al más chico, o en otras palabras la selección natural de la vida, es ciertamente lo que nos puede ocurrir si no nos preparamos y anticipamos de manera correcta a esto que se nos acerca.

En este sistema de economía social de mercado ya no existen ni se aceptan los apadrinados, las empresas deben y tienen que adaptarse a su entorno o morir incuestionablemente. Si esto es bueno o malo no es fruto de este artículo, mas bien, lo que pretendo es describir y caricaturizar lo que la firma de un papel puede trastornarnos a niveles insospechados. La psicosis y algarabía que ha gatillado en nuestra sociedad la firma de los tratados tiene múltiples interpretaciones, la mas obvia es que toda la información que poseemos está orientada en un solo sentido, la del crecimiento, o mas bien, la “posibilidad” que tenemos de crecer y de que nuestras empresas puedan y deban competir satisfactoriamente en este mundo “globalizado?”, incierto y vertiginoso. Como dije, el desafío es muy complejo pero quiero detenerme solo en un punto de muchos a analizar, las micro, pequeñas y medianas empresas. Aquellas que son el 80% del número de empresas, que contratan similar proporción de mano de obra y que colaboran con el 20% del PGB. Sí, aquellas en las cuales se sustenta el trabajo de un país pero no su PIB, tal vez por ello no tan priorizadas.

De aquellas empresas quiero centrar este comentario, de su pasado, presente y por sobretodo su futuro. Si en la actualidad dichas empresas ya se encuentran en dificultades producto de su inexperiencia... que les espera para el futuro?

De lo anterior debemos preguntarnos: de que manera podemos incluir a este grupo en este “maravilloso futuro”?

Las expectativas son muchas y muy variadas, a lo menos creemos que con la firma de los TLC nuestra economía junto con nuestras empresas se reactivarán y peor aún la repartición mas equitativa de nuestros recursos mejorará es ciertamente eso, expectativas.

El desafío está en optimizar la gestión de nuestras empresas por un lado, para ello, deben existir, difundirse y gestionarse políticas de gobierno claras en este sentido. La economía es una ciencia social y como tal las expectativas de quienes la componemos es fundamental. Pero estas expectativas deben ser aterrizadas y fundamentadas, un tratado de libre comercio es solo una herramienta económica, el como se utilice o se aproveche dicha herramienta estratégicamente para nuestro país es la gran tarea.
Así que prepárate, mas que nuevos tratados lo que necesitamos como país ya sea a nivel personal como empresarial es una buena terapia para la actual locura del comercio (TLC).

Comments:
muy bueno, como siempre....ídolo...
 
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