sábado, noviembre 05, 2005

 

¿Una nueva generación?

Demás está decir que los tiempos han cambiado, frase típica y muy recurrida por todos nosotros. Pero, en el ámbito laboral queramos o no, esta frase cada día se hace más evidente.

Lejos, muy lejos quedaron los tiempos en que una persona a muy temprana edad ingresaba a una compañía y desde ahí planificaba su vida en relación a su esfuerzo y las posibilidades reales y concretas de ascenso. Eran buenos tiempos según algunos, pero, por desgracia o no, en la actualidad dicha forma o estructura laboral está más para el museo del empresario que para un proyecto real de cualquier joven.

En estos tiempos, los paradigmas han cambiado, y las compañías ya no ofrecen empleo, sino mas bien trabajo. La modalidad de trabajar en proyectos o cambiar muy frecuentemente de empresa, es signo inequívoco de nuestra era. Por otro lado, las compañías -por motivos tan distintos como un entorno cambiante o las necesidades y demandas de la gente-, priorizan más las metas alcanzadas por sus empleados que el tiempo que ellos dedican para alcanzarlas. El discutir o tratar de revertir esta situación es una lucha estéril, el camino va más bien por otro sentido: cómo podemos desempeñarnos de la mejor manera posible en este entorno y tratar de sobresalir y cumplir nuestras propias metas.

En este sentido, las nuevas generaciones, poco a poco, están entendiendo el cambio. En las universidades, institutos y centros de formación técnica cada día son más (aunque en baja cantidad todavía) los jóvenes que aspiran y se capacitan en esta nueva forma de concebir la realidad. Este nuevo cambio paradigmático no sólo requiere de un alto grado de tolerancia a la frustración, sino también, de un cambio de estructura mental y muchas ganas de emprender nuevos desafíos muy distintos a los de hace algunos años.

El desarrollar sus propias ideas y proyectos, el impulsar nuevas empresas, el gestionar las compañías de un modo distinto y, sobre todo, el asumir el riesgo como parte de la vida, es definitivamente la condición primordial que deben fomentar e incentivar los centros de formación profesional. De este modo, los nuevos trabajadores del mañana, podrán desenvolverse de una manera ágil y efectiva, que de paso contagiará a más y más jóvenes situando a nuestro país, como una nación más progresista e innovadora.

Ahora bien, esta nueva realidad no está totalmente masificada, por lo que es el gran desafío de los centros de estudio y la mejor manera de que éstos se distingan y creen un valor agregado a sus mallas curriculares. Si esto no es así, cada día más nuestro país presentará problemas de empleo, razón principal para que nuestros profesionales más brillantes emigren hacia nuevos y mejores horizontes, consecuencia lógica y distinguible de un estado de frustración y apatía en su futuro.

Para finalizar, creo que este es el tiempo de cambiar, contamos con las capacidades para ello. En nuestro país las universidades ya están en ese camino, sólo necesitamos unir criterios y orientarnos hacia el mismo sentido. Si no, el concepto de una nueva generación será siempre un proyecto inalcanzable.

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